martes, 14 de julio de 2009

Testimonio del ex-sacerdote católico Carlos Chiniquy

EL DON INEFABLE


PROLOGO:

El Padre Chiniquy era un sacerdote famoso del Canadá. Nació en Kamuraskn, Quebsc, el 2 de julio de 1809. Allí fundó la primera sociedad anti-alcohólica, y recibió el mulo de "Apóstol de la Temperancia del Canadá."

Debido a su capacidad, fue comisionado a conducir un grupo numeroso de canadienses franceses

quienes establecieron una colonia en el Estado de lllinois, Estados Unidos de Norte América.

Hacia el fin de su vida llegó a ser amigo del Presídeme Abraham Lincoln.

Visitó a Inglaterra varias veces y la siguiente historia de su conversión fue dada por primera vez en Londres.

Su vida se prolongó hasta la edad de noventa años y murió en Montreal el 16 de enero de 1899.


El Don de la Salvación


Nací en la Iglesia Romana en 1809, y fui ordenado sacerdote en el año de 1833. Por veinte y cinco años fui sacerdote de dicha Iglesia; y os digo, amigos míos, con toda franqueza, que amaba a la Iglesia de Roma y que ella me amaba a mi. Habría estado dispuesto a derramar hasta la última gota de sangre por mi Iglesia, y habría dado mil veces mi vida por extender su poder y dignidad en todo el Continente Americano y en todo el mundo. Mi gran ambición era convertir a los protestantes llevarlos a mi Iglesia, porque se me enseñó y así lo prediqué que fuera de la Iglesia de Roma no había salvación, y me entristecía mucho que aquellas multitudes de protestantes tendrían que perderse.

Unos años después de que nací nos cambiamos a un lugar en donde no había escuelas. Mi querida madre fue entonces mi primera maestra, y el primer libro en que me enseñó a leer fue la Biblia.

Cuando tenia ocho o nueve años, leía el divino Libro con increíble placer y mi corazón se arrobaba con la hermosura de la Palabra de Dios. Mi madre escogía los capítulos que yo leyera, y yo les ponía una atención tal que muchas veces rehusaba ir afuera a jugar con los muchachos para solazarme con el placer que me producía la lectura del Santo Libro. Me gustaban algunos capítulos más que otros, y los aprendía de memoria.

Mi madre murió repentinamente, y no mucho después la Biblia desapareció de la casa. Probablemente un sacerdote había enviado a alguien para que se la llevara. Aquella Biblia es la raíz de todo en la historia de mi conversión. Fue la luz puesta en mi alma siendo yo joven y gracias a Dios que aquella luz nunca se ha extinguido. Allí ha permanecido. Es a aquella querida Biblia, por la misericordia de Dios, a la que debo hoy el gozo inefable que siento de estar entre los redimidos, entre aquellos que han recibido la luz y beben de la fuente pura de la verdad.

Pero quizá vosotros diréis, "¿No permiten los sacerdotes católicos romanos que sus feligreses lean la Biblia?" Si, y doy gracias a Dios que así es; y es probable que se jacten -de este privilegio. Es un hecho que hoy, casi por todo el mundo se concede permiso de leer la Biblia, y encontraréis la Biblia en las casas de muchos católicos romanos.

Pero una vez que hemos confesado esto debemos decir la verdad. Cuando el sacerdote de Roma, en el día de hoy, pone una Biblia en las manos de sus feligreses, o un sacerdote recibe una Biblia de su Iglesia, hay una condición. La condición es que aunque el sacerdote y los feligreses pueden leer la Biblia, deben jurar que jamás interpretarán una sola palabra conforme a su conciencia, a su

inteligencia, o a su propia mente. Cuando fui ordenado sacerdote juré que interpretaría las escrituras conforme al consenso unánime de los Santos Padres.

Luego, amigos míos, id a los católicos romanos del día de hoy y preguntadles si tienen permiso para leer la Biblia. Ellos os dirán, "Si, yo puedo leerla." Pero preguntadles, "¿Tenéis permiso para

interpretarla?' Os dirán, "¡No!" El sacerdote dice terminantemente al pueblo, y la Iglesia dice

terminantemente al sacerdote, que ellos no pueden interpretar ni una sola palabra de la Biblia según

su entendimiento y su conciencia, y que es un pecado condenable que se echa sobre si el interpretar una sola palabra. En efecto, el sacerdote dice al pueblo, "Si tratáis de interpretar la Biblia con vuestra inteligencia, estáis perdidos. Es el libro mas peligroso. Podéis leerlo, pero no lo podéis entender."

¿Cuál es el resultado de tal enseñanza?.

El resultado es que aunque los sacerdotes y el pueblo tienen la Biblia en las manos, no la leen.

¿Leeríais un libro si habéis sido persuadidos de que lo que consideráis como la más grande autoridad sobre la tierra dice que el libro es peligroso para vosotros, y que no podéis entender ni una sola palabra por vosotros mismos? ¿Seriáis tan insensatos de gastar vuestro precioso tiempo en leer un libro del cual estuvierais persuadidos no entender ni una sola línea? Entonces, amigos míos, ésta es la verdad acerca de la Iglesia de Roma. Ellos tienen muchas Biblias; encontraréis muchas Biblias sobre las mesas de los sacerdotes y de los legos, pero entre diez mil sacerdotes no hay dos que lean la Biblia desde el principio hasta el fin y que le pongan atención. Leen unas pocas páginas aquí y allí, eso es todo.

En la Iglesia de Roma la Biblia es un libro sellado, pero no fue así conmigo. Yo la había encontrado

preciosa a mi corazón cuando era pequeño y cuando ya fui sacerdote de Roma la leía para ser fuerte y para adiestrarme en la controversia con los ministros protestantes.

Mi gran objeto era confundir a los ministros protestantes de América. Conseguí un ejemplar de ’Los

Santos Padres" y lo estudiaba día y noche para prepararme para la gran batalla, que deseaba librar.

Hice este estudio para fortalecer mi fe en la Iglesia de Roma.

Pero, bendito sea Dios, que siempre que leía la Biblia había una voz misteriosa que me decía, "¿No

ves que en la Iglesia de Roma no sigues las enseñanzas de la Palabra de Dios, sino sólo descansas en las tradiciones de los hombres?" En las calladas horas de la noche cuando oía aquella voz, yo lloraba y vertía lágrimas pero se repetía con la fuerza del trueno. Quería vivir y morir en la Santa Iglesia Católica Romana, y le rogaba a Dios que acallara aquella voz, pero la oía aun más fuerte.

Cuando yo leía su palabra El trataba de romperme las cadenas. Venía a mí ,con su luz salvadora, pero yo la rehusaba.

No tengo rencor en contra de los sacerdotes de Roma. Algunos de vosotros pensarán que lo tengo.

Estáis equivocados. Algunas veces lloro por ello», porque se que aquellos pobres hombres, así como yo lo hice, están luchando contra el Señor, y que son tan miserables como yo lo era. Si os relato una de las luchas de que os hablo entenderéis lo que es ser sacerdote de la Iglesia de Roma y oraréis por ellos.

En Montreal hay una espléndida catedral, capaz de acomodar a quince mil personas. Acostumbraba

yo predicar allí con mucha frecuencia. Un día el obispo me pidió que predicara sobre la Virgen María, y tuve mucho gusto de hacerlo. En ocasión de una gran festividad prediqué en la catedral, delante de los obispos, la doctrina del Catolicismo Romano relativa a la Virgen María. Dije al pueblo lo que en ese tiempo pensaba era la verdad y lo que los sacerdotes creen y predican dondequiera. He aquí una parte del sermón:

"Amigos míos, cuando un hombre se ha rebelado contra su rey, cuando ha cometido un gran crimen

contra su emperador ¿viene solo a hablarle? Si tiene que pedir un favor a su rey, ¿intenta él en tales circunstancias comparecer solo ante su presencia? No, el rey le rechazaría. ¿Qué hace en tal caso?

En lugar de ir solo, escoge a uno de los amigos del rey, a alguno de sus oficiales, algunas veces a la hermana o a la madre del rey, y entonces pone la petición en sus manos y ellos van a hablar a favor del culpable. Piden perdón para él, aplacan la ira del rey y muy a menudo éste les concederá el favor que habría rehusado de otra manera al culpable.

"Entonces," dije yo, "todos somos pecadores, todos hemos ofendido al grande y poderoso Rey, Rey de reyes. Nos hemos rebelado en contra de El. Hemos hollado sus leyes bajo nuestros pies y sin duda El está airado contra nosotros. ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Iremos con las manos llenas de

iniquidades? [No! Pero gracias a Dios que tenemos María, la madre de Jesús, nuestro Rey, a su

diestra y como un buen hijo nunca rehúsa un favor a su madre amada, así Jesús nunca negará un

favor a María.

El nunca le negó ninguna petición que ella le hizo cuando estuvo en la tierra. Jamás El rechazó a su

madre de manera alguna. ¿Dónde está el hijo que rehusaría un favor a su madre querida cuando él

podría hacerla gozar concediéndole lo que quiere? Luego, os digo, que Jesús, el Rey de reyes no es sólo el Hijo de Dios, sino el Hijo de Maria, y El ama a su madre. Y como El nunca le negó ningún favor a María, jamás le negará ningún favor en el día de hoy. [Ahí nosotros no podemos presentarnos delante del gran Rey, cubiertos como estamos de la iniquidad. Presentemos nuestras peticiones a su santa madre; ella misma irá a los pies de Jesús, Jesús su Hijo, y ella sin duda recibirá los favores que pide. Ella pedirá a Jesús que os perdone vuestras iniquidades, y El os dará cualquier cosa que su madre le pidiere."

Mis oyentes quedaron tan contentos ante la idea de tener tal abogada a los pies de Jesús

intercediendo por ellos día y noche, que todos vertieron lágrimas de gozo. Pensaba yo en ese tiempo que aquella no sólo era la religión de Cristo, sino que la. religión de la lógica y que nada podría decirse en su contra. Después del discurso el Obispo se me acercó y me bendijo; me dio las gracias, diciendo que el sermón haría mucho bien en Montreal.

Aquella noche me caí de rodillas y tomé mi Biblia. Mi corazón estaba lleno de gozo por causa del buen discurso que había dirigido por la mañana. Leí en San Mateo 12:46 las siguientes palabras, "Y estando aún él hablando a las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar.

Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren .hablar. Y respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquél que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre."

Cuando yo hube leído aquellas palabras vino una voz más terrible que la voz del trueno diciendo,

"Chiniquy, tú predicaste una mentira esta mañana cuando decías que María había recibido de Jesús siempre los favores que le había pedido. ¿No ves que aquí Jesús está rechazando a su madre? ¿No ves que María viene a pedir un favor, esto es de ver a su hijo, durante cuya ausencia ella había estado sola, debido a que El había dejado la casa por muchos meses para salir a predicar el Evangelio?"

Cuando María llegó al lugar donde Jesús estaba predicando, el lugar estaba tan apiñado que ella no

pudo entrar.

¿Qué haría entonces ella? Ella levanta la voz y le pide que vaya a verla; pero mientras Jesús oye la

voz de su madre, y con sus divinos ojos la ve ¿le concederá su petición? No. El cierra los oídos a su

voz y no atiende la súplica que ella le dirige. Este es un rechazamiento público y ella lo siente muy

vivamente. La gente se asombra. Están cavilando, casi escandalizados. Se vuelven a Cristo y le dicen, "¿Por qué no vas a hablar con tu madre?" ¿Qué dice entontes Jesús? No da otra respuesta, sino ésta extraordinaria, "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Y mirando a sus discípulos, dice, "He aquí mi madre y mis hermanos y hermanas." En cuanto a María, la dejó sola y públicamente la rechazó.

Entonces la voz me habló de nuevo con el poder del trueno, diciéndome que leyera otra vez en San

Marcos 3:31-35. Habréis encontrado que Marcos dice que Jesús rechazó a su madre. Leed Lucas

8:19-21. Lucas dice que Jesús rechazó a su madre, no concediéndole la petición. Entonces la voz me habló con terrible poder, diciéndome que Jesús mientras fue niño obedeció a José y a su madre; pero tan pronto como se presento ante el mundo como el Hijo de Dios, como el Salvador del mundo, como la gran Luz de la humanidad, entonces María tenía que desaparecer. Los ojos del mundo deben volver hacia El solo para recibir luz y vida.

Entonces, amigos míos, la voz me« habló toda la noche: "Chiniquy, Chiniquy, tú dijiste esta mañana

una mentira, y estuviste predicando fábulas y cosas sin sentido; y predicaste en contra de las Escrituras cuando dijiste que María tiene el poder para conceder de parte de Jesús cualquier favor que le pidamos en cualquier forma." Oré y lloré y fue una noche en que no dormí.

Al día siguiente fui a tomar el desayuno con el obispo Prince, el coadjutor. El me dijo, "M. Chiniquy, su apariencia es como si hubiera llorado toda la noche. ¿Qué es lo que le pasa?"

Yo le contesté, "Señor mío, si encuentra Ud. en mi rostro las lágrimas de la desolación, Ud. no se

equivoca. Estoy afligido sobre manera; mi corazón está triste."

"¿Qué le pasa?" preguntó él. "¡Ah! yo no puedo decírselo aquí," le contesté. "¿Me permite Ud. hablar una hora con Ud. en su cuarto a solas? Le contaré un misterio que lo inquietará."

Después del desayuno fui con él y le dije: "Ayer Ud. me alabó mucho por el discurso que pronuncié

para probar que Jesús siempre había concedido Lis peticiones de su madre; pero, sopor mío, anoche oí otra voz más fuerte que la suya y mi desconsuelo es que estoy por creer que es la voz de Dios.

Aquella voz me ha dicho que nosotros, los sacerdotes y obispos (los católicos romanos, predicamos

una falsedad blasfema y cada vez que decimos al pueblo que María siempre tiene el poder para

recibir de las manos de Jesucristo los favores que ella le pide. Esto es una mentira, mi señor: temo

que esto sea un error diabólico y condenable."

El Obispo entonces dijo, "M. Chiniquy, ¿qué quiere Ud. decir con eso? ¿Es Ud. protestante?

"No," le contesté yo, "yo no soy protestante. He sido llamado protestante muchas veces porque me

agrada leer la Biblia. Pero le digo a Ud., francamente, que sinceramente temo que prediqué ayer una mentira y que Ud., mi señor, predicará otra también cuando tenga que decir que necesitamos invocar a María, bajo el pretexto de que Jesús jamás ha rehusado un favor a su madre. Esto es falso."

El Obispo dijo de nuevo, "M. Chiniquy, Ud. va demasiado lejos."

"No, señor mío," dije yo, "no hay por qué hablar mis. Aquí está el Evangelio; léalo Ud." Y puse el

Evangelio en las manos del Obispo, y leyó con sus propios ojos lo que yo había leído, y mi impresión es que él leía dichas palabras por vez primera. El pobre hombre estaba tan sorprendido que permaneció mudo y temblando. Finalmente preguntó, "¿Qué significa eso?"

"Bien," dije yo, "éste es el Evangelio, y aquí Ud. ve que María fue a Jesucristo a pedirle un favor, y El no sólo la reprendió, sino que se negó a considerarla como su madre. El la rechazó públicamente para que supiéramos que María es la madre de Jesús como hombre, y no como Dios."

El Obispo estaba fuera de sí. No pudo contestarme.

Entonces yo le pedí que me permitiera hacerle algunas preguntas. "Señor mío, ¿quién lo ha salvado a Ud. y quién me ha salvado a mi en la cruz?"

"Jesucristo," me contestó.

"¿Y quién pagó sus deudas y las mías derramando su sangre?" El contestó, "Jesucristo."

"Ahora bien, señor mío, cuando Jesús y María estuvieron sobre la tierra, ¿quién amó más al pecador. María o Jesús?"

Y él de nuevo contestó que Jesús.

"¿Fue alguna vez un pecador a María en la tierra para ser salvo?"

"No."

"¿Recuerda Ud. si algún pecador fue alguna vez a Jesús para ser salvo?"

"Sí, muchos."

"¿Fueron ellos rechazados?"

"Nunca."

"¿Recuerda Ud. si alguna vez Jesús dijo a los pecadores, ’Venid a María y ella os salvará?

"No," contestó.

"¿Recuerda Ud. si alguna vez Jesús dijo a los pobres pecadores, "Venid a mi’?"

"Sí, El lo dijo."

"¿Ha retirado El sus palabras?"

"No."

"¿Quién fue el más poderoso entonces, para salvar a los pecadores?" pregunté yo.

"Olí, fue Jesús."

"Entonces, señor mío, puesto que Jesús y María están ahora en los cielos, ¿puede Ud. mostrarme en las Escrituras que Jesús ha perdido algo de sus deseos y de su poder para salvar a los pecadores, o ha dado este poder a María?"

Entonces el pobre Obispo quedó como un hombre que es condenado a muerte. Temblaba delante de mi, y como no pudo contestarme, se excusó por tener un negocio, y me dejó. Su "negocio" fue que no pudo contestarme.

Yo estaba persuadido, pero no estaba convertido. Había muchos lazos que me ataban al Papa. Había otras luchas que tenían que ser libradas antes de que yo pudiera romper las cadenas que me tenían ligado.

En 1851 fui al Estado de Illinois a petición de los obispos a fundar una colonia francesa. Llevaba

conmigo unos 75,000 canadienses franceses, y me establecí en las magníficas llanuras de Illinois,

para tomar posesión de la región en nombre de la Iglesia de Roma. Yo era un hombre rico y compré

muchas Biblias y di una a casi cada familia. El Obispo se puso muy disgustado contra mí por esto,

pero no me importó nada. No tenia yo la intención de abandonar la Iglesia de Roma, pero necesitaba guiar a mi pueblo tanto como podía en el camino en que Cristo quería que yo lo hiciera.

El Obispo de Chicago hizo en aquel tiempo una cosa que nosotros los franceses no podíamos tolerar.

Fue un gran crimen y yo le escuche al Papa y él ordenó que el Obispo fuese despedido. Fue enviado en su lugar otro Obispo quien comisionó a su Gran Vicario para hacer la paz con nosotros.

El Gran Vicario me dijo, "M. Chiniquy, tenemos mucho gusto que Ud. consiguió que fuera despedido el Obispo anterior, pues era un hombre malo; pero hay la sospecha en muchos lugares que Ud. no está ya en la Iglesia de Roma. Se sospecha que Ud. es hereje y protestante. ¿Quisiera Ud. darnos un documento por el que pudiera Ud. probar a todo el mundo que Ud. y su pueblo son todavía buenos católicos romanos?"

Yo le contesté, "No tengo ninguna objeción."

El replicó, "Es el deseo del Obispo enviado por el Papa obtener ese documento de parte suya."

Tomé entonces un pedazo de papel, porque me parecía entonces una espléndida oportunidad para

aquietar la voz que había estado hablándome de día y de noche y que turbaba mi fe. Quise persuadirme por este medio que en la Iglesia de Roma estábamos realmente siguiendo la Palabra de Dios y que no nos apoyábamos en las tradiciones de los hombres. Escribí entonces las siguientes palabras:

"Muy señor mío: nosotros los canadienses franceses de la Colonia de Illinois queremos vivir en la

Santa Iglesia Católica Romana, fuera de la cual no hay salvación, y para probar esto a vuestra señoría, prometemos obedecer a vuestra autoridad conforme a la Palabra de Dios, como la encontramos en el Evangelio de Cristo."

Firmé esto e hice que los míos lo firmaran. Se lo entregué entonces al Gran Vicario y le pregunté qué pensaba de él. El contestó, "Es exactamente lo que deseamos." Me aseguró que el Obispo aceptaría mi escrito y que todo estaría bien.

Cuando el Obispo hubo leído la sumisión la encontró buena, y con lágrimas de gozo, me dijo, "Oh,

tengo tanto gusto de que Ud. haya firmado su sumisión, pues temíamos que Ud. y los suyos se

hicieran protestantes."

Amigos míos, para mostrar mi ceguedad, debo confesar con vergüenza que yo tenía gusto de estar en paz con el Obispo, cuando no estaba aún en paz con mi Dios. El Obispo me dio "una carta de paz," por la cual declaraba que yo era uno de sus mejores sacerdotes, y volví a los míos con el objeto de permanecer allí. Pero Dios miró hacia mí en su misericordia, y quiso quebrantar aquella paz, que era paz con el hombre y no con El.

El Obispo, después de mi salida, fue apresuradamente a la oficina de telégrafos y telegrafió a los otros obispos mi sumisión, y les preguntó su opinión acerca de ella. Unánimemente le contestaron el mismo día, "¿No ve Ud. que Chiniquy es un protestante disfrazado y lo ha hecho a Ud. protestante? No es a Ud. a quien hace la sumisión; hace su sumisión a la Palabra de Dios, y si Ud. no destruye esa sumisión, también Ud. es protestante."

Diez días después recibí una carta del Obispo y cuando fui a verlo, me preguntó si tenia la "carta de

paz" que él me había dado en días pasados. Se la presenté, y cuando vio que era la carta de paz que él deseaba, corrió hacia la estufa y la arrojó al fuego. Me quedé asombrado. Corrí al fuego para salvar la carta, pero era demasiado tarde. Estaba destruida.

Entonces volví hacia el Obispo y le dije, "¿Cómo se atrevió Ud. señor mío, a tomar de mi mano un

documento que era propiedad mía y destruirlo sin mi permiso?"

El me contestó, "M. Chiniquy, soy su superior y no tengo que darle cuenta a Ud.

"Ud. es sin duda mi superior, y yo no soy sino un pobre sacerdote, pero hay un gran Dios que está

muy por encima de Ud. y de mi y ese Dios me ha concedido derechos que jamás debo renunciar para agradar a ningún hombre; en la presencia de ese Dios yo protesto en contra de esta iniquidad."

"Bien," dijo él, "¿ha venido Ud. para predicarme un sermón?"

Yo le contesté, "No, señor mío, pero quiero saber si Ud. me trajo aquí para insultarme.

El me dijo, "M. Chiniquy, lo traje aquí porque Ud. me dio un documento que Ud. sabía muy bien no era un acto de sumisión.’ Entonces dijo que no podía aceptar tal sumisión y que hiciera yo otra sumisión suprimiendo las palabras; "conforme a la Palabra de Dios, como la encontramos en el Evangelio de Cristo."

Entonces le contesté, "Señor mío, lo que Ud. me pide no es un acto de sumisión, sino un acto de

adoración y yo se lo rehuso."

"Entonces," dijo él, "si Ud. no puede darme ese acto de sumisión, Ud. no puede por más tiempo ser

sacerdote católico romano.’

Entonces levanté las manos a Dios, y dije, "Sea para siempre bendito el Altísimo Dios," y tomé el

sombrero y dejé al Obispo.

Fui al hotel, a mi cuarto rentado y cerré la puerta. Me caí de rodillas para examinar en la presencia de Dios lo que había hecho. Entonces vi por primera vez con toda claridad que la Iglesia de Roma no podía ser la Iglesia de Cristo. Al fin había aprendido la terrible verdad, no de los labios de los

protestantes, no de sus enemigos, sino de los labios de fa misma Iglesia de Roma. Vi que no podía

permanecer en esa Iglesia a menos que eliminara la Palabra de Dios en un documento formal, la

piedra fundamental de mi sumisión a la autoridad de mi iglesia. Entonces vi que hacia bien al

abandonar la Iglesia de Roma. Pero ¡oh, amigos míos, qué nube tan obscura me sobrevino. En mis

tinieblas yo clamaba, "Dios mío, ¿en dónde está tu Iglesia? ¿A dónde debo ir para ser salvo? Oh, Dios de mi salvación ¿en dónde está tu ley salvadora? Oh, querido Jesús, ¿por qué es que mi alma está rodeada de tan obscura nube?'

Con lágrimas clamaba a Dios que me mostrara el camino por el cual debería ir para ser salvo; pero por un tiempo, no se me concedió respuesta.’ ¡Yo había abandonado a la Iglesia de Roma; había

renunciado mi puesto, mi honor, a mis hermanos y hermanas, todo lo que era amado de mi! Vi que el Papa, los obispos y los sacerdotes me atacarían en la prensa, en el pulpito y en el terrible

confesionario, donde atacan al hombre de tal manera que uno no sabe de dónde viene el golpe. Vi que ellos me quitarían el nombre, la honra y aún quizá la vida. Vi que una guerra a muerte iba a principiar entre la Iglesia de Roma y yo, y esperaba ver si habían quedado alguno; amigos que viniesen en mi ayuda para librar la batalla, pero no quedaba ni un solo amigo. Vi que aun mis amigos más queridos estaban comprometidos a maldecirme y a mirarme como un infame traidor. Vi que mi gente me rechazaría, mi amada patria donde yo tenia tantos amigos me maldeciría y que yo había venido a ser un objeto de horror en el mundo.

Entonces traté de recordar si yo tenía algún amigo entre los protestantes, pero como yo había hablado y escrito en contra de los protestantes toda mi vida, allí no tenia ni un solo amigo. Vi que había sido abandonado para pelear la batalla contra Roma. Esto era mucho, y en aquella terrible hora si Dios no me hubiera hecho un milagro, habría quedado convertido en cadáver. La vida me vino a ser una carga tal que sentí no poder llevarla por más tiempo. Mi mente se turbaba, y me parecía imposible salir de aquel cuarto al frío mundo donde no encontraría una mano que estrechar o una sola cara sonriente que me mirara. Me parecía imposible salir de aquel cuarto al frío mundo en donde escucharía la maldición de millones, y donde, ya sea que mirara al este o al oeste, al sur o al norte, vería sólo a los que me llamarían infame traidor.

Me parecía que Dios estaba muy lejos de mi, pero El se encontraba cerca. De pronto vino a mi mente este pensamiento, "Tú tienes contigo tú Evangelio, léelo, y encontrarás luz." Sobre mis rodillas, y con una mano trémula, abrí el libro; no yo sino mi Dios lo abrió, pues mis ojos cayeron sobre I Corintios 7:23, "Comprados sois por precio: no os hagáis siervos de los hombres."

Con estas palabras me vino la luz y por primera vez vi el gran misterio de la salvación tanto como el

hombre puede verlo y me dije, "Jesús me compró: entonces, si Jesús me ha comprado, ¡El me ha salvado y yo soy salvo! ¡Jesús es mi Dios, todas las obras de Dios son perfectas! Yo estoy, por tanto, perfectamente salvado: Jesús no pudiera haberme salvado sólo a medias. ¿Pero cuál es el precio que El pagó?" Y la respuesta vino tan repentina como un relámpago, "¡La sangre del Cordero derramada en la Cruz: la vida de Jesús dada en el Calvario me ha salvado!" Y con llanto y lágrimas de gozo yo me dije, "Oh, soy salvo por la muerte de Jesús." Y aquellas palabras me eran tan dulces que sentía un gozo inefable, como si las fuentes de la vida se hubieran abierto y avenidas de nueva luz hubieran fluido sobre mi alma. Con gozo inexplicable me dije, "No soy salvo, como creía, por el hecho de ir a María; no soy salvo por el purgatorio, o por las indulgencias, confesiones y penitencias. Soy salvo sólo por Jesús" Y todas las falsas doctrinas de Roma huyeron de mi mente como cae una torre que es golpeada en su base.

Entonces sentí tal gozo, tal paz, que los ángeles de Dios no podían ser más felices que yo. Con un

grito de gozo, dije, "i0h, querido Jesús, yo lo siento, yo lo sé. Tú me has salvado! ¡Oh, Don de Dios, yo Te acepto, toma mi corazón y guárdalo para siempre como tuyo! ¡Don de Dios, adorable Jesús, yo Te acepto, sí, yo Te amaré hoy, mañana y para siempre! ¡Don de Dios, habita en mí para hacerme puro y fuerte, habita en mí para ser mi camino, mi luz y mi vida: concédeme habitar en Tí ahora y para siempre! Pero, querido Jesús, no me salves a mi solo; salva también a mi gente, concédeme mostrarles también el Don! ¡Oh, que ellos acepten el Don, y se sientan ricos y felices como yo me siento ahora!"

Fue así como encontré el Don inefable; fue de este modo cómo encontré la luz y el gran misterio de

nuestra salvación, que es tan sencilla y tan hermosa, tan sublime y tan grande. Yo había abierto las

manos del alma y había aceptado el Don. Yo era rico en el Don. Me sentía salvo en el Don. Estaba

seguro como lo estoy ahora, que Jesús no podía venir a engañarme. La salvación, amigos míos, es un don. No tuve ninguna otra cosa que hacer que aceptarla, amarla y amar al Dador. Oprimí mi Evangelio con los labios y lo bañé con lágrimas de gozo, y juré que no predicaría otra cosa sino a Jesús.

Llegué en medio de la gente de mi Colonia el domingo por la mañana. Toda la gente estaba

sumamente excitada, y corría hacia mi y me preguntaba las nuevas que llevaba. Cuando se hubieron reunidos en la inmensa iglesia, que los católicos romanos quemaron más tarde, yo les presenté el Don inefable. Pensé al principio que se volverían en contra de mí para echarme fuera. Les mostré lo que Dios me había presentado, a su Hijo Jesús como un Don, y por Jesús El me había enviado el perdón de mis pecados y la vida eterna como un don. No sabiendo si ellos aceptarían el don o no, les dije, "Es ahora tiempo de que me vaya de vosotros, amigos míos. He abandonado la Iglesia de Roma para siempre. He tomado el don de Cristo, pero os respeto lo suficiente para no imponerme; si creéis que es mejor seguir al Papa que seguir a Cristo, e invocar al nombre de María que invocar al nombre de Cristo para ser salvos, decídmelo, poniéndoos de pie."

Para mi sorpresa, toda la multitud permaneció en sus asientos, llenando la iglesia de sollozos y de

lágrimas. Pensé que alguno de ellos me diría que me saliera, pero ninguno lo hizo. Y observándolos, vi un cambio que se operaba en ellos, un cambio maravilloso, que no podía explicarse por las leyes naturales, y yo les dije con un grito de gozo:

"El Dios poderoso que me salvó a mi ayer, os puede salvar hoy. Cruzaréis conmigo el Mar Rojo y

entraréis a la Tierra Prometida. Aceptaréis conmigo el gran Don, seréis felices y ricos en el Don. Os

pondré la misma pregunta en otra forma: ¡Si pensáis que es mejor par a vosotros seguir a Cristo que al Papa, invocar al nombre de Jesús solamente, si pensáis que es mejor poner vuestra confianza, durante vuestra vida, sólo en la sangre del Cordero derramada por vosotros en la Cruz, y si creéis que es mejor para vosotros tenerme pata que os predique el puro Evangelio de Cristo, que tener un sacerdote que os predique las doctrinas de Roma, decídmelo, levantándoos, y yo seré vuestro pastor"

Y todos sin una sola excepción, se pusieron de pie, y con lágrimas de gozo, me pidieron que

permaneciera con ellos.

El Don, el grande, el inefable Don, por vez primera había venido delante de sus ojos en su hermosura; ellos lo habían encontrado precioso: lo habían aceptado; y no hay palabras que puedan explicar el gozo de las multitudes. Como yo mismo, ellos se sintieron ricos y felices con el Don. Los nombres de mil almas, yo calculo, fueron escritos en el Libro de la Vida aquel día. Seis meses más tarde éramos dos mil convertidos; un ano después éramos como cuatro mil, y ahora somos cerca de veinte y cinco mil que hemos lavado nuestra ropa en la sangre del Cordero.

La noticia se esparció, tan rápida como un rayo por toda la América, y aún en Francia e Inglaterra, que Chiniquy, el sacerdote más conocido del Canadá, había abandonado la Iglesia de Roma encabezando un grupo noble de hombres. Y dondequiera que se decía esto, se alababa el Nombre de Jesús. Espero que vosotros bendeciréis al misericordioso y adorable Salvador cuando quiera que sea mi privilegio contar lo que El ha hecho por mi alma.

lunes, 13 de julio de 2009

El Papa que fue mujer, la Papisa Juana

El Papa que fue mujer, la Papisa Juana

La aseveración que los papas son los sucesores del apóstol Pedro, viene a ser la base o piedra angular del romanismo católico, y sin el la Iglesia Romana simplemente no podría funcionar: «El Pontífice romano, como sucesor de Pedro, es la perpetua y visible fuente y fundamento de la unidad de los obispos y de toda la compañía de los fieles « (Vatican Council II: The Conciliar and Post Conciliar Documents, Costello Publishing, 1988, vol.I, p.376).

No obstante, se necesitaría ser un retrasado mental, o en su defecto estar hechizado para poder creer que pueden ser sucesores del apóstol Pedro tipos que han sido asesinos, adúlteros, fornicarios, homosexuales, avaros, etc.

A continuación presentamos, a manera de ejemplo, algunas anécdotas de los «santos sucesores» del apóstol Pedro, empecemos con el Papa que fue mujer, la Papisa Juana.

Distintos cronistas católicos romanos, entre ellos obispos, cardenales, sacerdotes, pero especialmente monjes, nos hablan de esta mujer que llevó el nombre de Papa Juan VIII. El reinado de la Papisa fue de dos años, cinco meses, y cuatro días, desde el año 855 al 858. Esto la sitúa después del Papa León IV (847-55) y antes que Benedicto III, cuyo reinado normalmente lo datan de 855 a 858, pero evidentemente con el fin de no dar lugar a la Papisa.

El monje benedictino Marianus Scotus (1028-86), pasó los últimos 17 años de su vida en la Abadía de Mainz. La misma ciudad alemana donde Juana había nacido 250 años antes. Este cronista, en algunos de sus manuscritos de su “Historiographi” donde describe eventos hasta el año 1083, tiene una anotación en el año 854 que dice: «El Papa León murió en las Calendas de agosto. Fue reemplazado por Juana, una mujer, que reinó por dos años, cinco meses, y cuatro días» (Marianus Scotus, Hist. sui temp. ciar.; RGSS I, p.639; citado en The Femóle Pope, Rosemarie and Darroll Pardoe, 1988, p.14).

Posteriormente, en el siglo XII, tenemos dos cronistas que hacen referencia a la Papisa Juana. Cronológicamente primero está Sigebert de Gemblours, un monje benedictino nacido en 1030 y muerto en 1112 o 1113. Su historia, la Chronographia, termina en el año 1112, y contiene la siguiente corta narración bajo el año 854: «Se rumora que este Juan es una mujer, y conocida así solamente por su familiaris (compañero) que terminó enbarazándola. Dio a luz mientras era Papa, debido a lo cual ciertas gentes no la cuentan entre los papas...».

El segundo cronista es Gotfrid de Viterbo, secretario de la Corte Imperial. En su obra el Pantheon, de 1185, incluye una nota después del Papa León IV, donde especifica que Juana, el Papa femenino, no es contado.

La historia de Juana consiste, por otro lado, en que ella nació en Ingelheim, cerca de Mainz, Alemania. Y, debido a que en ese entonces a las mujeres se les negaba la educación, Juana viajó disfrazada con un hábito de monje benedictino -juntamente con otro monje de la misma orden- desde Fulda (Alemania) hasta Atenas.

Allí rápidamente adquirió tal conocimiento que después, cuando fue a Roma, deleitaba a filósofos, cardenales y teólogos con su enseñanza (The Chair ofPeter, F. Gontard, 1965, p. 190). Una vez elegida Papa, y estando ya embarazada por su amante el monje benedictino que la ayudó a salir de su país, se descubrió su verdadero sexo cuando en el transcurso de una procesión del Coliseo a la iglesia de San Clemente, dio a luz a un niño en plena calle (Ibid.).

Las referencias más amplias y precisas respecto a la Papa Juana datan del siglo XIII, y fueron registradas por Martín Polonus. Martín, un sacerdote que pertenecía a la Orden de los frailes Dominicos, era originario de Troppau en Polonia, y se le conoció frecuentemente como Martín von Troppau. Después, cuando fue a Roma, obtuvo el nombramiento de capellán papal y penitenciario. Sus deberes en la burocracia de la Iglesia le dejaban bastante tiempo libre para el estudio, así que se dedicó a un pasatiempo muy popular en la Edad Media, la compilación de una crónica histórica. Para esto se valió de los Archivos Vaticanos, a los cuales tenía fácil acceso dada su posición en la curia papal. Su obra, Chronicon Pontiflcum et Imperatum, en donde registra el caso de la Papa Juana, fue un best-seller de su tiempo y se difundió por todo Europa, alrededor del año 1265.

La obra se consideró de carácter casi oficial, pues reflejaba la autoridad y opiniones de la misma Iglesia.

En la crónica de Martín la primera fuente citada respecto a la Papisa, en orden cronológico, es Anastasio el Bibliotecario, Un hombre estudioso del siglo IX a quien se le atribuye la autoría del Líber Pontiflcalis, una colección de biografías papales que empieza desde el Papa Nicolás 1 (858-67). Anastasio participó intensamente en la intriga política que rodeó al papado en ese entonces, y por ello fue capaz de basar su narración sólidamente con su propia experiencia y observación. En el Líber Pontificalis de Anastasio, el manuscrito donde se hace mención de la Papisa está codificado en los Archivos del Vaticano como MS 3762 (ver Elude sur le Líber Pontificalis, Louis Duchesne, 1886, p.95; una copia del manuscrito en cuestión aparece en Un

pape Nominé Jeanne, H. Perrodo-Le Mayne, 1972).

Por otro lado, para evitar la elección de otra mujer Papa en la «legítima línea de sucesión apostólica» de los papas romanos, se desarrolló una extraña tradición en el Vaticano que perduró hasta el tiempo del Papa León X (1513-21). La cual consistía en que los papas, antes de ser coronados, se sentaban en una silla de mármol rojo para ser examinados a fin de probar su sexo. La silla estaba agujerada pues había sido en realidad un excusado de los antiguos baños públicos romanos. Y, de la misma manera como solían restaurar todo aquello que tenía que ver con el gran pasado pagano de Roma, la silla también fue restaurada e introducida en la ceremonia papal.

A esta silla la denominaron entonces como la Sella stercoraria. Y, durante la ceremonia de inspección, un diácono metía la mano por debajo de la silla para palpar los genitales y cerciorarse del sexo del fututo Papa, y después gritaba ¡Habet!, la gente entonces contestaba ¡Deo gratias! (Gontard, op.cit., p.190; The Bad Popes, E. R. Chamberlain, 1969, p.91). Respecto a la existencia de esta silla existe también el testimonio del inglés William Brewyn, que en 1470 compiló un fascinante libro guía de las iglesias en Roma. Cuando describe la capilla de San Salvador en la Basílica de San Juan Laterano, dice: «...en esta capilla existen dos o más sillas de mármol rojo, con aberturas en ellas, sobre las cuales según he escuchado, se prueba si el Papa es

hombre (A XV th Century Guide-Book to the Principal Churches of Rome, William Brewyn, 1900, p.33).

La misma explicación da Bartolomeo Platina, que fue Prefecto de la Biblioteca Vaticana bajo el Papa Sixto IV (1471-84). En su obra Vida de los Papas (1479) dice: «Algunos han escrito que debido a esto... cuando los papas van a ser entronados en la silla de Pedro, son primeramente examinados por el diácono más joven que esté presente « (La Légende de la Papesse Jeanne, Eugene Müntz, 1900, p.330).

Otros testimonios bastante interesantes respecto a la existencia de la Papisa Juana, y que tuvieron lugar también durante la Edad Media, consisten en lo siguiente:

Resulta que el Palacio Laterano, lugar donde residen los papas, fue donado por Constantino a la

Iglesia en el siglo IV. Anteriormente había sido un palacio imperial, pero después se convirtió en la principal residencia del Papa en Roma. La basílica que Constantino construyó a un lado, donde estaban las barracas de su caballería, se convirtió después en la catedral episcopal del Papa como obispo de Roma. El Palacio Laterano, no obstante, se encuentra en el lado opuesto de Roma en relación a los focos de actividad papal que son el Vaticano y la Basílica de San Pedro. Desde entonces, y a través de toda la Edad Media, siempre había procesiones papales yendo de un extremo al otro. La ruta entre ambos extremos incluía el paso por el Coliseo y la Basílica de San Clemente, la cual se construyó sobre un Miíhraeum (lugar de sacrificios a Mithra)

del siglo III. Sin embargo, el punto es que estas dos antiguas construcciones están conectadas por la ViaS. Giovanni en Laterano; y, en la Edad Media, esta ruta directa era evitada por los papas por causa de que allí había dado a luz y había muerto la Papa Juana cuando se dirigía a la Basílica de San Pedro (Pardoe, op.cit., p.43).

En 1486 John Burchard, obispo de Estrasburgo y Maestro papal de Ceremonias bajo el Papa Inocencio VIII (1503-13), Alejando VI (1492-1503), Pío III (1503) y Julio U (1503-13), organizó una procesión para Inocencio VI que rompió con la tradición de evitar la ruta directa. En su Líber Notarum registra la dura crítica a la que se hizo acreedor como resultado de su decisión: «En su ida así como en su regreso, él (el Papa) vino por la ruta del Coliseo, y por aquella calle recta donde la estatua del Papa mujer (imago papissae) está localizada, en recuerdo, se dice, por haber dado allí a luz a un niño el Papa Juan VIH. Por esta razón muchos dicen que

a los papas no se les permite pasar a caballo por allí. Por lo tanto el señor arzobispo de Florencia, el obispo de Massano, y Hugo de Bencii el subdiácono apostólico, me enviaron una reprimenda» (Líber Notarum, John Burchard; RISS, XXXII pt. 1, vol. I, p.176).

La estatua de la Papisa (imago papissae) que aquí menciona Burchard en el año 1486, también fue vista por Martín Lutero cuando visitó Roma a finales de 1510. Lutero hizo un comentario acerca de la estatua expresando su sorpresa que los papas permitiesen que un objeto tan embarazoso permaneciera en un lugar público. La estatua que Luterio vio era la de una mujer con vestiduras papales, sosteniendo un niño y un cetro (La Légende de la Papesse Jeanne, Eugene Müntz, 1900, p.333). Teodorico de Niem afirma que «la estatua fue erigida por el Papa Benedicto 111, con el fin de inspirar horror al escándalo que sucedió en ese lugar» (Pope

Joan -A Histórica! Study, Emmanuel D. Rhoides, 1886, p.82). El dato es confiable porque cuando Teodorico escribió al respecto en el año 1414, la estatua tenía apenas poco más de 50 años, lo cual no deja mucho margen de error.

Por otro lado, en relación al fin o desaparición de la estatua de la Papisa, existe el testimonio de Elias Hasenmuller quien el la última década del siglo XVI fue informado por una autoridad confiable que la estatua había sido arrojada al río Tíber porj Pío V (1566-72). Según lo registra el mismo Hasenmuller en su obra Historia lesuitici Ordinis (1593, p.315). Esto explica también por qué el famoso cardenal jesuíta Roberto Belarmino (1542-1621), quien intervino como miembro del] Santo Oficio en el juicio contra Galileo, cuando hace referencia a la estatua en su obra De Summo Pontífice en 1577,! siempre se refiere a ella en tiempo pasado, con la clara implicación que la estatua en ese entonces ya no existía.

Un testimonio más, concerniente a la existencia de la Papisa Juana, lo encontramos en el juicio que se le hizo al valiente y ] gran reformador de Bohemia John Huss. En el mes de noviembre de 1414 se convocó un Concilio General en Constanza (Alemania), con el fin de decidir una disputa entre tres idiotas que querían ser papas al mismo tiempo. John Huss fue llamado a comparecer ante este Concilio porque se le acusaba de herejía. Huss argumentó en su defensa, entre otras cosas, que la única cabeza de la Iglesia podía ser Cristo mismo y no el Papa. Razón por la cual también, dijo Huss, la Iglesia había podido seguir funcionando durante todo este tiempo sin una cabeza terrestre a pesar de los papas corruptos. Y fue precisamente aquí, cuando a manera de ejemplo de tal corrupción papal, Huss citó entonces la existencia de la Papisa Juana. Y, como bien dice el historiador del siglo XVIII James L’Enfant: «Si esto no hubiese sido en ese entonces un hecho innegable, los miembros del Concilio seguramente habrían tratado de corregir a Huss con disgusto, o se hubieran reído de él, como ciertamente lo hicieron por cosas de menor importancia» (The History qfthe Council ofConstance, James L’Enfant, 1730,1, p.340).

viernes, 19 de junio de 2009

Cual es el fundamento de nuestra fé?.


Cual es el fundamento de nuestra fé?.

No son ángeles, ni estatuas, ni formulas mágicas, ni nuevas teologías. La Biblia es bien clara sobre como edifica Dios, y cual es el fundamento, lo fundacional y fundamental de acuerdo al diseño del diseñador, que es el Padre, Dios mismo…Y como cada uno, cada Hijo reconciliado debe edificar, no con materiales que el fuego puede consumir, sino sobre este fundamento:

…”edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas siendo Jesucristo mismo la principal piedra del ángulo”. (Efesios 2:20)

La Iglesia es una construcción no hecha de manos de hombres. Es el edificio de Dios. Es la compañía de los santos. Dios trae, sana, prepara, bendice y equipa a cada “ladrillo”, a cada columna, a cada bloque, a cada elemento. Lo pone sobre el fundamento de Efesios 2: 20, el de los apóstoles y profetas, pero hay que tener bien en cuenta que ningún apóstol ni profeta es mayor que Jesucristo mismo, el apóstol por excelencia, y el espíritu de la profecía misma…

El fundamento se puede cambiar?

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que esta puesto, el cual es Jesucristo”. (1ª Corintios 3:11)

Nadie puede poner otro fundamento que el que ha puesto el Señor Jesucristo (Hay que leer el Sermón del Monte!, hoy muchos predican el éxito…)

El apóstol Pablo enseño claramente que si aún viniese un ángel del cielo y predicase un evangelio diferente, no le creamos (EJ: mormones)…

También el Señor mismo explicó que esta, nuestra época sería una época de engaño.

Así que cuando aparezcan esas “nuevas revelaciones” deben estar alineadas con la palabra del Señor Jesucristo, si se sale de ahí, ya sabemos lo que tenemos que hacer…

Cuando el ángel del Señor se le apareció a Cornelio, le señaló que debía escuchar al apóstol Pedro, y Pedro comenzó con el fundamento: (Hechos 10:37)-como enseño Juan el bautista (profeta), el mismo Pedro ejerció su apostolado evangelizando, y enseñó sobre el Kyrios, el Señor Jesucristo y lo que el mando que se haga.

¿Por qué me llamáis Señor, Señor, si no hacéis lo que digo?

Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quien es semejante. Semejante es a un hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino la inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.

Lucas 6:46-48

sábado, 13 de junio de 2009

GUIA PROFETICA

Guía Profética para el Año 2009

Dr. Apóstol Rony Chávez

La Esencia de la Guía Profética del año 2009

Para cada fin de año, por varios años ya, el Señor me ha guiado a entregar de Su parte algunas directrices proféticas para ayudarnos en las decisiones y planes de los meses que se avecinan. A estas directrices divinas que emergieron con más fuerza en este Nuevo Milenio le hemos llamado La Guía Profética. El envío año tras año de esta “carta profética” ha ido activando a varios profetas y apóstoles a orar y a escribir también una Guía Profética para su congregación, Red o nación, ampliando el horizonte profético presente y futuro del pueblo de Dios. Algunos estudios del hebreo nos han hecho conocer detalles interesantísimos sobre números y años bíblicos que han servido para entender mejor el “plan profético” del Señor para el tiempo presente. Otros profetas han hecho un análisis exhaustivo de las Escrituras y de los acontecimientos mundiales contemporáneos para darnos un panorama mucho más claro de lo que podría acontecer al mundo a Israel y a la Iglesia cada año. Esto sólo ha enriquecido el fluir profético, afirmando la importancia del accionar de los profetas y apóstoles hoy en el Cuerpo de Cristo.

La Guía Profética que le he enviado a mis hijos y amigos en el Ministerio tiene su esencia en mi relación con el Espíritu Santo y no en el análisis de circunstancias político económicas de hoy o de las costumbres judías, la esencia de la Guía está basada casi totalmente en lo que Dios me indica a escribir para Su pueblo. Eso sí, maravillado y con gran asombro he contemplado cada año cómo la Guía Profética enviada se ajusta a lo que otros profetas estudiosos de la cultura hebrea o de los eventos mundiales escriben. Dios une a Sus Profetas por Su Espíritu y así tenemos un Mapa Profético para el tiempo presente. ¡Aleluya!.

1. El año 2009 será el AÑO DE LA ACTIVACION PROFETICA

a. El mover profético en las naciones inicia el proceso de su máximo esplendor. Lo que se inició unos atrás como un proceso de restauración del Espíritu Santo para establecer y levantar a los profetas de Dios en la Iglesia otra vez, tomará una fuerza extraordinaria en el 2009 para establecer un fluir profético sorprendente en la Casa de Dios.

b. Este “mover profético emergente” del Espíritu levantará una generación joven con gran fuerza que producirá un avance en las Artes, la Música, la Política y en el Mundo Empresarial. Ellos usarán la profecía para conquistar territorios no conquistados.

c. Veremos el reconocimiento para profetas emergentes y otros menospreciados en el pasado. Esta apertura hacia los profetas genuinos también provocará el nacimiento de muchas Escuelas Proféticas en las naciones. Escuelas para Profetas y Compañías de Profetas harán aparición con mucha fuerza a partir del 2009. Su influencia se hará notar en cada ciudad.

d. Dios aumentará el fluir profético en Canales y Redes de Televisión. Usará Programas Radiales y Radioemisoras cristianas; los aires recibirán una lluvia profética impresionante.

e. Un fresco mover del Espíritu se iniciará en los niños de la Iglesia del Señor, ésta será una gran señal de la Gigantesca Ola Profética que nos envolverá en el 2009.

2. El año 2009 será el AÑO DE VOLVER A LOS COMIENZOS

a. En el 2009 debemos volver a los orígenes de nuestro ministerio. Esto en función de la visión y llamado hecho por Dios a cada uno.

b. Ministros, iglesias y ministerios deben volver al “principio de todo” en su llamado, Dios solo respaldará a quienes estemos enfocados correctamente en la “Visión del principio”.

c. Las cosas nuevas pueden ser destructivas si nos alejan de la Visión Original. Tendremos que detenernos y analizar el hoy y el futuro en función de los “principios u orígenes” de la visión de Dios entregada a cada uno. “Debemos volver a caminar los caminos del principio….”.

3. El año 2009 será el AÑO DE VOLVER A LOS FUNDAMENTOS

a. La Iglesia debe volver urgentemente a la Senda Antigua. El pueblo de Dios y Sus ministros deben volver al Ayuno, es imperativo para preparar el camino al Avivamiento Final.

b. La Iglesia debe volver al camino de la Oración. Ministerios y ministros que descuiden la oración se verán en grandes aprietos económicos, morales, familiares y ministeriales si descuidan la intercesión. La Oración debe volver en todas sus formas a la Casa de Dios.

c. La Iglesia debe volver su corazón a las Sagradas Escrituras. El estudio de La Palabra debe incrementarse todo lo posible, esto pondrá la base a tiempos gloriosos de Avivamiento.

4. El año 2009 será el AÑO DE LA ACTIVACIÓN DE DONES DEL ESPÍRITU SANTO

El cumplimiento Joel 2:28,29 tomará mucha fuerza. La Iglesia experimentará un “nuevo avivamiento” de los dones del Espíritu Santo. Volverán los cultos para buscar la llenura del Espíritu con pasión y una extraordinaria búsqueda por los dones del Espíritu volverá a la Casa del Señor. Seremos sorprendidos por la fluir de los dones en los niños y en los jóvenes. Dios marcará a Su nueva generación. Aun hay más….espera la Guía completa.

5. El año 2009 será un AÑO DE POSICIONAMIENTO DEL PUEBLO DE DIOS EN CADA NACION

Dios tiene nombres, puestos, lugares y ciudades para colocar a Sus hijos en puestos claves para poseer áreas de la sociedad y traer gobierno de Reino entre los pueblos.

6. El año 2009 será un AÑO PARA DAR A LUZ LO QUE ESTA ESCONDIDO

a. En medio de la crisis actual muchos temblarán y no tendrán respuestas.

b. Pero Dios desatará una “Ola gigantesca y creatividad” entre Su pueblo y hará emerger negocios, empresas y proyectos del Reino de manera sorprendente.

c. Será un tiempo de creatividad financiera: Dios dará estrategias e ideas innovadoras para poseer sectores de la vida social y económica de las naciones donde antes no teníamos éxito.

7. El AÑO 2009 será el AÑO DE LOS EMPRESARIOS JOVENES

a. El proceso se inició en los años 2007-2008 y tomará gran fuerza en este 2009.

b. Jóvenes empresarios serán usados para influir en sus ciudades y municipios de manera muy evidente.

8. El año 2009 será un AÑO DE SOBRENATURALIDAD DIVINA

a. Dios se va a mostrar con gloria y se va a demostrar poderosísimo.

b. Una Ola de milagros viene sobre naciones: salvación, sanidades y prodigios con propósito serán desatados a partir de este fin de año.

c. Será un año para ver cumplir los sueños que durante veinte años no se realizaron.

d. Será un año donde muchos inaugurarán templos, edificios, sus casas, sus departamentos, etc.

9. El año 2009 será un GRAN AÑO PARA JOVENES EN PACTO CON DIOS

El Señor les dará experiencias personales que les elevará su nivel de fe para tener victoria donde otras generaciones no tuvieron victoria.

10. El año 2009 será un AÑO PARA LA BENDICION DE MATRIMONIOS EN PACTO

a. Dios dará un respaldo pleno a los matrimonios y familias que se han mantenido firmes a lo largo de estos años de ataques de satanás.

b. Será un año de gozo y victoria para ellos por su fidelidad al Señor.

c. Muchos disfrutarán a partir del 2009 de su casa propia o departamento porque la mano del Señor intervendrá milagrosamente para darles honra por su lealtad al El.

11. El año 2009 será un AÑO MUY EVANGELISTICO

a. Dios hará emerger a muchos evangelistas jóvenes que tomarán con gran poder plazas, calles, parques, estadios, etc para predicar el Evangelio.

b. Las estadísticas de América Latina cambiarán positiva y drásticamente en el 2009, Dios salvará millones por Su gracia infinita.

c. Ministros de muchos años de trayectoria (apóstoles, pastores, etc) volverán como en sus primeros años de ministerio para hacer la tarea del Evangelista.

12. En el AÑO 2009 DIOS NOS DARA UNA GRAN SEÑAL UN PODEROSO AVIVAMIENTO INFANTIL

a. Se iniciará en nuestras iglesias un fluir del Espíritu en los niños.

b. Miles de niños será bautizados con el poder del Espíritu Santo y muchos profetizarán

c. En cada casa y familia los padres y los abuelos lo notará con mucha claridad, un gran cambio sucederá en hijos y nietos. ¡Aleluya!.

13. El año 2009 SERA EL AÑO DE LA JUSTICIA DE DIOS

Estudiosos del hebreo nos señalan que el numero 9 está relacionado con la impartición de la justicia de Dios a su pueblo para bendecirlo y restituirle lo que le fue robado por sus enemigos y para traer juicio sobre aquellos que han quitado o robado algo al pueblo del Señor. Debemos esperar que en el 2009 haya una extraordinaria restitución para familia y una gran cantidad de milagros de devolución de cosas robadas por satanás a la iglesia. Muchos serán enjuiciados para su disciplina y otros serán beneficiados por la justicia del Eterno Dios.

EL CUERPO

El cuerpo:

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

1º Corintios 3:16


¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

1º Corintios 6:19-20


¿ y que acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois templo del Dios viviente…

2ª Corintios 6:16


Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos.

Efesios 5:30

El cuerpo que se me ha dado para que yo lo use en mi estadía en la tierra, es morada terrenal para que lo utilice responsablemente.

El cuerpo físico es una bendición de Dios Padre, los que no tienen un cuerpo físico no pueden manifestarse en esta dimensión en la que vivimos. Sin cuerpo físico no se puede besar a la esposa, o al hijo. Tampoco trabajar, o desplazarse libremente o gustar una comida o bebida, o respirar el aire puro del parque, o mirar y ver…Sin cuerpo no existimos visiblemente.

Pero de este cuerpo, solo soy el Gerente General, el administrador, el mayordomo.

Hay un dueño, que es El Kyrios, el compró toda mi vida, soy ahora suyo, el pagó todo el pase, como cuando un jugador de fútbol es comprado por el gran equipo. Tu pase ha sido pagado totalmente y ha costado mucho más que millones de Euros o dólares, se pagó con la sangre del Kyrios en la cruz del calvario.

Ahora formarás parte del Gran Equipo. Nunca más volverás atrás.

Ninguna parte de tu cuerpo puede ser idolatrada, no hay comunión entre Dios y los ídolos, ninguna parte de tu cuerpo debe ser mejor atendida que el Señor de todos los cuerpos, es decir si atiendes bien a tu estómago, o a tu pelo, o a tu piel, deberás atender mejor a tu Rey, el Señor Jesucristo. OK?

Si eres de Cristo, si el es tu Señor, entonces entenderás que no estas solo y que estas conectado a la fuente principal, si tienes a Cristo, entonces tu cuerpo es Templo de Dios y para Dios, si aún no, hoy es el día…

En los versículos anteriores que hemos leído, encontramos al menos dos acepciones a la palabra cuerpo: a) con referencia a la Iglesia que es el cuerpo de Cristo en la Tierra, y ;b) con referencia al cuerpo físico (entendiendo que somos "tripartitos").


lunes, 25 de mayo de 2009

El Kyrios es dueño de todo y de todos.

Kyrios significa Rey y Señor, dueño, amo, jefe, protector, gobernador, elevado exaltado.

Los primeros discípulos rehusaron llamar señor al emperador romano que gobernaba todo el mundo de aquella época, jamás se rindieron ante el poder del Imperio Romano, y ningún discípulo de Cristo debería rendirse ante los poderes corruptos de la tierra. Solo ante el Señor.

“Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dió un nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para la Gloria de Dios Padre”

Filipenses 2:9-11

“Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos de él; y un Señor Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de el.”

1º Corintios 8:5-6

“Porque de él, por él , y para él son todas las cosas. A El sea la gloria por los siglos. Amen”

Romanos 11:36

Toda la tierra y todo lo que hay en la tierra es su propiedad:

“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en el habitan porque el la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos”

Salmos 24:1,2.-

No somos nuestros, hemos sido comprados:

“Porque habéis sido comprados por precio, glorificad, pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”

1º Corintios 6:20

Todo lo que somos y lo que tenemos es de regalo:

Dios dio dones a los hombres, la Biblia lo dice claramente, hay dones espirituales, y otra clase de bendiciones o regalos. Sea espiritual o material, todo lo que tenemos nos ha sido dado.

Don significa regalo. Los regalos se hacen por puro amor. El Padre es amor.

La posición o el status que tenemos también se nos ha entregado.

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.

1º de Pedro 4:10

MINISTRELO:

Ministrar, quiere decir: administrar algo en nombre de alguien poderoso.

A LOS OTROS:

Lo que tenemos no es para guardar solamente. -Recuerde que quienes guardaron el maná, se les pudrió-

Dimensión personal 1) Esposo, esposa. Hijos e hijas

Dimensión familiar. 2). (“honra a tu padre y a tu madre”). El resto de la familia

Dimensión .3) Amigos, conocidos, compañeros de labor y estudios.

Dimensión. 4) Relaciones comerciales.(Donde compro, vendo, pago o cobro)

Lo que Dios nos dá no es solo para nosotros, es para compartir!

BUENOS ADMINISTRADORES: los buenos administradores aumentan lo que tienen y realizan buenas inversiones, tienen reserva.

LA MULTIFORME GRACIA: la gracia de Dios no solo es espiritual, es múltiple, tiene muchas facetas, como un diamante…

Todo lo que se siembra se cosecha:

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”

Gálatas 6:7

Si se siembra perdón, cosecharás perdón…

Siembras ayuda en la adversidad, cosecharas ayuda en tu adversidad…

Siembras chisme, cosecharás chisme en tu contra…

Siembras obediencia, cosecharás obediencia…

Siembras lealtad, cosecharás lealtad…

Siembras buenas actitudes, tendrán contigo buenas actitudes…

Siembra para la carne, cosecharás pudrición…

Siembra alegría, cosecharás alegría…